domingo, 26 de julio de 2020

Una habitación con vistas

Una habitación con vistas de Edward Morgan Forster es un libro de 1908 que se divide en dos partes bien diferenciadas. La primera parte transcurre en Florencia, iniciándose la acción en la pensión Bertolini, donde un nutrido grupo de británicos (que no se conocían previamente) coinciden como turistas. En esta primera parte, Forster expone las muchas influencias adquiridas en sus propios viajes. Podemos encontrar, por ejemplo, la influencia de la mitología griega en la descripción de algunos personajes pero, sobre todo, el influjo del Renacimiento italiano, patente en la elección de la ciudad de Florencia como marco de esta parte importante de la novela. Forster contrasta también en estas primeras páginas la sociedad italiana, menos prejuiciosa, con el ambiente reprimido y estirado de la clase media inglesa.

Pero donde más se recrea Forster es en las relaciones personales, en esa sociedad en miniatura creada por los personajes en la pensión, donde intuimos una crítica a las actitudes heredadas de la época victoriana. En estas relaciones, como es de esperar, surge el amor, que es tratado por el autor con gran sutileza, utilizando la estancia en Italia como un agente liberador para los turistas británicos.

La segunda parte del libro nos lleva a Inglaterra, país de origen de los personajes que han protagonizado las primeras páginas. Uno de los aspectos más interesantes del libro es ver cómo Forster se las arregla para que todos los personajes que se conocieron en Florencia, vuelvan a estar relacionados, en mayor o menor medida, en esta segunda parte de la novela.

La novela nos ofrece una narración calmada, sin estridencias, en la que casi no ocurre nada. Lo más atrayente de la novela no es, por tanto, la historia, sino la prosa de Forster: detallista, sutil y preciosista.



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