lunes, 20 de noviembre de 2017

Charlie y la fábrica de chocolate

El señor Wonka ha escondido cinco billetes de oro en sus chocolatinas. Quienes los encuentren serán los afortunados que visiten su magnífica fábrica de chocolate. Charlie tiene la suerte de encontrar uno de ellos y, a partir de ese momento, su vida cambiará para siempre...

Charlie y la fábrica de chocolate es una de las más importantes obras de Roald Dahl, obras entre las que también destacan otros títulos ya clásicos como James y el melocotón gigante, Matilda o Las brujas. Tengo un especial cariño a este libro, pues es uno de los primeros que leí en mi infancia, o al menos uno de los primeros de los que guardo grato recuerdo. Sucede que en aquella época infantil no sabía de la existencia de este título y por error leí en primer lugar Charlie y el gran ascensor de cristal, su continuación.

Si no me fallan las cuentas esta debe ser la tercera vez que lo leo. Hacía muchos años desde la última vez, y al encontrarlo entre los ejemplares de Daiba, me apeteció de repente volver a revivir las excentricidades del señor Wonka en su sorprendente fábrica de dulces.

Charlie y la fábrica de chocolate es un libro con todos los ingredientes para enganchar al joven lector, pero también es capaz de permitir que un adulto lo lea haciéndole esbozar de vez en cuando una sonrisa, sobre todo por las punzantes respuestas que, a lo largo del libro, el señor Wonka lanza a los niños protagonistas, a los que trata con bastante desdén (si exceptuamos a Charlie, claro).

El libro ha dado para un par de películas. La primera, protagonizada por Gene Wilder,  nunca he llegado a verla, mientras que la segunda, dirigida por Tim Burton, me dejó bastante frío cuando la vi en su estreno; bien es cierto que no he vuelto a revisarla desde entonces (ni me apetece mucho hacerlo, ciertamente). Más bien creo que me pondré manos a la obra con la lectura de Charlie y el gran ascensor de cristal.

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